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(El comercio) La noche de Alan Wilder y el apostolado electrónico de Depeche Mode en Lima
músico británico trajo un set cargado de sonidos techno, dark y que no escaparon de la emblemática banda a la cual perteneció alguna vez
En el principio fue el new wave. Unos años después, el synthpop. Más tarde, reaparecería el avant-garde. Fueron pocos los escogidos para llevar la buena nueva a los descreídos. Uno de ellos llegó a Lima y convirtió la noche de ayer en un viaje hipnótico. El apóstol Alan Wilder —ex baterista de los ingleses Depeche Mode— se presentaba en la discoteca Vocé acompañado por Paul Kendall, quien también colaboró como músico de apoyo de los DM. Ambos, se presentaron bajo el nombre del proyecto musical al que han dado forma y bautizado como Recoil.
Antes, el dúo local Theremyn_4 había entregado a los asistentes lo mejor de su última producción discográfica, junto a los temas que los han convertido en una de las bandas más destacadas de la electrónica experimental peruana.
A orillas de la medianoche, Recoil subió al escenario y dio inicio a la oración.
Densas y envolventes bases rítmicas se desplegaron por todo el salón como un espectro sonoro que anunciaba algo más que buenos bits. De inmediato el recuerdo traía a la mente los compases de “Black Celebration”, “Music for the Masses” o “Violator”, es decir, Depeche Mode en su época más oscura y seductora. Fue imposible evadir aquel sonido cadencioso y profundo en un solo tiempo, pero Recoil fue más que eso.
La arquitectura de sus mezclas puso en evidencia que, si bien Wilder echa mano del sonido que él mismo se encargó de diseñar para Depeche Mode, con Recoil cataliza el uso de juegos vocales provenientes del soul, el gospel y la new age, más una importante dotación de sonidos acústicos que configuran algo ya característico en el músico londinense: la experimentación con lo analógico y digital.
Otro aspecto importante de este proyecto es el acompañamiento visual que, a diferencia de lo que suele ser un decorado multimedia, en el concierto de Recoil funcionó como una narración visual que guiaba los movimientos de Wilder y Kendall.
Cerca de la una de la mañana, con el sudor en la frente y el cuerpo fatigado, la dupla británica se despidió de un público eufórico, bajó del escenario pero volvió minutos después para dar fin a la homilía con dos canciones para el recuerdo: “In your room” y “Personal Jesus”. Hermanos, podéis ir en paz.





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